De duelos y pérdidas (II) – Todo cuanto podemos hacer

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De duelos y pérdidas (II) – Todo cuanto podemos hacer

Mano soltando palomas

Continuando con el capítulo de canciones para duelos, hay una que no puedo pasar por alto. Es una canción muy especial que me ha acompañado varias veces durante los últimos años a lo largo de distintos procesos de pérdida, aunque de diferente manera. Haré una aproximación al contexto:

Digamos que esta canción pertenece a una banda de la que he sido seguidor desde mi adolescencia y a la que, por fin, tuve oportunidad de ver tocar en directo por primera (y seguramente última) vez en 2013, en Berlín. Digamos que fue una velada muy especial. Y digamos que en ella concurrían varios hechos muy próximos a la pérdida y al duelo.

Para empezar, fue la primera vez que mi pareja y yo volvíamos a sentir salir el sol tras asistir y acompañar el fallecimiento, prácticamente seguido, de dos familiares muy cercanos. Con nosotros se encontraba uno de nuestros más viejos amigos que, junto conmigo, era un gran admirador de esta banda. Sabíamos que este concierto suponía la culminación de una monumental carrera musical y artística de unos músicos excepcionales, entregados a su creación de una manera absolutamente impecable desde hacía más de 40 años. Asistíamos, sin duda, a lo que bien podría ser el particular “canto del cisne” de tres creadores que ya se habían manifestado algo cansados y deseosos de irse retirando de los escenarios. Y, para finalizar, algo que aún no podíamos ni imaginar en aquel momento pero que ya planeaba sin que ninguno fuéramos conscientes, era que poco tiempo después habríamos de despedirnos de nuestro querido amigo de una manera total e inesperadamente abrupta.

La canción habla de finales, pero también de comienzos. Mi recuerdo de aquel concierto es el de una lejana luz en la oscuridad, como vislumbrando, por fin, el otro extremo de un túnel oscuro y la constatación de que la vida, aunque lejana, continúa a otro lado del mismo. Dejar ir, dar la espalda a lo caduco y, simplemente, continuar el camino.

¿Simplemente? No, en absoluto es simple. Todo duelo se enfrenta antes o después a un cierto grado de negación, de incredulidad ante una pérdida que aún no podemos aceptar. En parte, por pura supervivencia y, en parte, por puro ego, es decir, por la incapacidad de aceptar que aquello haya ocurrido, y precisamente a nosotros. En un desesperado intento por justificar que eso no puede ser así, se nos aparecen mil y un asuntos pendientes por resolver con esa persona que se fue o con esa situación injusta y dolorosa. No, aún no nos podemos decir adiós. Antes es necesario aclarar, resolver, hacer justicia, nombrar los asuntos pendientes, poner las cosas en su sitio…

Y así es, sin duda, durante un tiempo. Uno de los grandes escollos para transitar un duelo suele aparecer en forma de acumulación de asuntos pendientes. De eso creemos saber mucho los gestaltistas. Y digo “creemos” porque lo cierto es que, tras un cierto tránsito, empezamos a darnos cuenta de que remover y cuestionar lo ocurrido es, en realidad, un pozo sin fondo. ¿Y para qué? En el fondo lo sabemos: Para no soltarnos. Pocas cosas atan más que una cuenta pendiente, sobre todo cuando somos nosotros los acreedores. La rabia, el odio, la incomprensión, el sentimiento de injusticia (propios o ajenos), son armas de doble filo. Y de nosotros depende empuñarlas por el lado correcto. Como una manera de cortar y separarnos de aquello que nos está envenenando… o para meternos otro chute que prolongue la agonía pero evite la consciencia de la pérdida un tiempito más.

Ante este panorama, antes o después nos damos cuenta de que todo cuanto podemos hacer es, simplemente, decir adiós. Y qué mejor manera de despedirse que dar las cuentas por saldadas, darse la vuelta y… desearse lo mejor. O, al menos, que nos vaya bien. O, dicho en castizo, que nos den. Que no es lo mismo, pero es igual. Pues bastante tiene ya con lo suyo cada cual.

La canción pertenece al mismo espectáculo que mis amigos y yo compartimos hace unos años en Berlín, aunque en distinta localidad y fecha, así que no me busquéis entre el público. Como os contaba, aunque ya la había compartido antes, sí es la primera vez que la contemplo desde el duelo. En esta ocasión, el subtitulado es mío: Se aceptan sugerencias, quejas y mejoras :-b

David Magriñá

 

Por |2018-06-01T18:28:07+01:001 de junio, 2018|Blog, Música y Terapia, Nuestro trabajo|3 Comentarios

Acerca del Autor:

Co-director y terapeuta en La Casa de Gestalt. Terapeuta colaborador en Aula Gestalt. Ingeniero Industrial.

3 Comments

  1. David Magriñá
    David Magriñá 1 junio, 2018 en 18:53 - Responder

    Un abrazo, Mónica.

  2. Mònica Colomé Corominas
    Mònica Colomé Corominas 1 junio, 2018 en 19:11 - Responder

    David Magriñá Recibido. Va un Besazo de vuelta

  3. Lourdes Mateu Abella
    Lourdes Mateu Abella 2 junio, 2018 en 10:18 - Responder

    Tal cual!!

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